Entrevista a investigadoras de la historia
de las Ollas Comunes en Chile
Julieta Palma, Paulina Pavez y Daniela García
son las encargadas de llevar a cabo la investigación que
ONG Prosam se adjudicó desde el Programa Mundial de Alimentos,
organismo de Naciones Unidas. Esta busca desentrañar la
historia y la mirada que posibilitaron el desarrollo de las Ollas
Comunes durante los años 80, historia que marcó
el trabajo de muchas personas y especialmente de algunas ONGs,
de la Vicaría de la Solidaridad y de Prosam.
¿Qué son las Ollas comunes? ¿cuándo
surgen?
Las Ollas Comunes existen a lo largo de la historia de Chile,
no surgen exclusivamente en el período de la dictadura.
Es una práctica de los sectores populares que cruza buena
parte de la historia de nuestro país. Lo que nosotras estamos
investigando se da en el contexto de la dictadura militar, período
en el que las Ollas Comunes se masifican, pero la práctica
social existe desde antes. En la dictadura se dan especialmente
porque hay una situación de empobrecimiento muy fuerte
y surge una necesidad urgente de resolver la cuestión alimentaria,
el hambre. Las Ollas son una práctica social que buscaba
resolver la cuestión alimentaria en los sectores pobres,
en momentos de emergencia.
¿Cómo funcionaban las Ollas?
Bueno, las Ollas se vincularon primero a la Iglesia y a la Vicaría
de la Solidaridad. La Vicaría promovió los Comedores
Populares y las Ollas Comunes como una forma de organización
para solucionar un problema que era vital. La Iglesia a través
de la Vicaría coordinaba la entrega de alimentos y promocionaba
la organización de la comunidad. Bueno entonces se organizan
los Comedores Populares en las parroquias o en lugares cercanos
a la Iglesia y las Ollas Comunes en las casas de las mujeres,
puesto que las Ollas son organizadas fundamentalmente por mujeres,
en sus casas. Así las Ollas exigían también
una organización popular que no sólo era la reunión
para comer, sino que implicaba conseguir otros alimentos como
carne y verduras, pagando cuotas, pidiendo en las Ferias o en
la Vega, ya que lo que entregaba la Vicaría y agencias
de cooperación internacional como Novib, eran sólo
los alimentos básicos, como harina o porotos, por ejemplo.
Entonces la jefa de la Olla era la dueña de casa. Lo que
pasa es que al mismo tiempo, las Ollas se organizaban también
históricamente desde las mismas mujeres. Eran parte del
imaginario popular: los sectores populares se organizaban en situaciones
de pobreza extrema, después de un terremoto o inundaciones,
etc. De hecho, un hito que marca en la dictadura la organización
de las Ollas en Lo Hermida y otras poblaciones es el temporal
del año 1982.
¿Qué es lo más interesante a su
juicio de la experiencia de las Ollas Comunes?
Bueno las Ollas Comunes son tremendamente interesantes por la
organización que se da en ellas. La organización
es lo central para su existencia. Por eso resulta asombroso que
estas formas de organización se hayan perdido con el regreso
a la democracia. Hay que pensar que en la dictadura el Estado
se repliega, existe una situación de empobrecimiento crítica
y además existe el estado de sitio, lo que prohibía
el derecho de reunión y en La Bandera se pueden acordar
cuando llegaban tanques a desarmar las Ollas, entre otras situaciones
desgarradoras. La dictadura solucionó ciertos problemas
sanitarios y amplió un poco el acceso a la educación
básica, pero en el fondo, todo el desarrollo social a lo
largo de la historia de Chile, lo que ha sido mal llamado como
el Estado de Compromiso, se termina el 11 de Septiembre de 1973.
Por eso nuestra visión de las Ollas Comunes o de la Vicaría
de la Solidaridad tiene una relevancia que excede el lugar común
de las Políticas Públicas desde “arriba”.
Hay que pensar que como te acabo de decir la seguridad social
no existe en dictadura, pero la sociedad se organiza y es una
manera de hacer políticas públicas, pensando que
lo público va mucho más allá de lo estatal.
Esto es un cambio paradigmático respecto de las políticas
públicas, que incluye además otras ideas, como la
noción de Jefa de Hogar, que es una categorización
social posterior.
Perdón, ¿éstas ideas se vienen a
reencontrar en Chile 16 años después?
Bueno hay un desarrollo histórico que hace posible estas
formas de organización. No es algo espontáneo. Y
después del retorno a la democracia, en particular desde
el gobierno de Ricardo Lagos, se empieza a promocionar la participación.
Uno puede tener una apreciación de cómo se promociona
esta participación.
¿Cuál es tu percepción?
Bueno, a mi juicio, y aunque sea una opinión generalizada,
la forma de promover la participación y la participación
misma, es muy instrumental y acotada. Es hasta divertido, como
si se incluyera la participación por decreto o por un instructivo
presidencial de participación: “ya, que baile el
vecino o que escuchen y que vean el powerpoint”. La participación
que encontramos nosotras en la experiencia de las Ollas es completamente
distinta. Surge también desde abajo, desde una base comunitaria,
que no se improvisó, que venía desde los años
60. De hecho, no es para nada irrelevante, que esto se esté
pensando ahora, cuando ya han pasado 19 años y que se piense
desde Naciones Unidas y no desde el Estado chileno. ¿Por
qué esta experiencia no fue retomada en las políticas
sociales en los años 90? Esa es una pregunta central para
nosotras, ya que el modelo que se implementó no tiene relación
alguna con estas experiencias. Hay una mirada un tanto tecnocrática,
donde se califica a otras iniciativas como espontáneas,
cuando en estas había una organización, puesto que
si no, no habrían durado.
Hay una película que se llama “Caluga o
menta”, donde va el alcalde a una población, y un
personaje dice “Ahora vienen estos huevones a ponernos pasto”.
La conozco. Si, justamente. Bueno te decía que la dictadura
no logró romper esta organización, que si bien no
resistía a la dictadura, si resistía las precarias
condiciones sociales. Está bien, después de la dictadura
se mejoraron las condiciones sociales, y se intentaron reorientar
estas experiencias, algunas como microempresas, como en Prosam,
pero en general estas experiencias no se retomaron. Es más
las experiencias de microempresarias en la Junaeb no fue parte
de una política, y no fue fácil. Es decir, el modelo
de organización quedó ahí y hay vagos intentos
de retomarlos ahora. ¿Cómo se aplica la participación
ahora, incluso desde la intelectualidad? Parece que la teoría
estuviera separada de la realidad.
¿Qué consecuencias tuvo este abandono según
ustedes?
Las consecuencias fueron devastadoras porque lo principal de
estas experiencias es el capital social, la organización.
Fue el hambre y la represión lo que organizó estas
experiencias, pero su principal valor fue el capital social, su
organización. La posibilidad de crear redes, de formar
una dinámica empresarial. Y esto se echó por tierra.
Esto tuvo consecuencias en el diseño de políticas
públicas, cuando los tecnócratas empiezan a diseñar
ajenos a la realidad. A veces habría que preguntarse si
un proceso de diseño e implementación de políticas
públicas puede demorarse más, pero con las personas
–y la realidad- unidas y tras estas políticas.
¿Qué piensan del camino que siguieron después
algunas mujeres de las Ollas Comunes?
Bueno, las capacidades que las mujeres desarrollaron en torno
a la organización de las Ollas, manejar costos, manipular
alimentos, planificar comidas, etcétera, implicó
que efectivamente podían redefinirse como microempresarias.
Así algunas pudieron reorientar su trabajo con todo el
aprendizaje que tenían durante los diez años que
estuvieron a cargo de las Ollas comunes, y así acceder
al mundo laboral y esto es plenamente satisfactorio.
Por último, ustedes han necesitado realizar reuniones
con personas que trabajaron en torno a las Ollas durante los 80
¿qué ha significado para ustedes y para ellos el
reencontrarse con esta experiencia?
Bueno, la dictadura marcó mucho a todas las personas que
la vivieron. Supongo que las relaciones que se crearon ahí,
fueron muy especiales, no como una relación laboral típica.
Para nosotras y para ellos fue muy emocionante. Además,
aunque ya lo hemos dicho, la oportunidad de pensar y descubrir
que sucedió en torno a la experiencia de las Ollas es muy
relevante para nosotras tres, y no sólo en el ámbito
profesional, sino también personalmente.
Bueno, gracias por la entrevista.
No, gracias a ti.